El ritmo
Anatomía de la práctica fotográfica arteterapéutica
Durante mucho tiempo pensé que la práctica fotográfica empezaba con el disparo, pero luego, profundizando un poco, pensé que era en la mirada. Hoy, una vida de disparar y mirar más tarde, entiendo que es antes: la fotografía comienza con el ritmo.
El ritmo no tiene que ver con producir más o menos, sino con cómo se sostiene la práctica en el tiempo y en el cuerpo.
Un ritmo sano es orgánico, no se fuerza. No responde al ruido del afuera ni se deja arrastrar por la autoexigencia. Un ritmo sano cuida al mismo tiempo del ruido interno, lo escucha, lo acompaña. No intenta silenciarlo, pero sí regularlo para que no se desborde.
Aprender sobre nuestro propio ritmo, escucharlo y acompañarlo, es esencial para que la práctica no se desvirtue ni acelere. Si esto sucede, pueden pasar dos cosas. Puede ser una aceleración orgánica, como cuando algo quiere brotar y la energía se intensifica naturalmente. O puede ser una aceleración reactiva, producto del deseo de contentar, de estar a la altura, de producir. Esa aceleración nos drena; y cuando nos drenamos, la práctica pierde el sentido.
El ritmo es sentido.
Así podemos verlo también en la naturaleza. En los cambios importantes de estación como invierno a primavera, verano a otoño, es fundamental saber cuándo sembrar y cuándo arrancar. Porque en el huerto, igual que en la práctica, no todo es plantar y ver crecer, también hay momentos de destrucción en los que hacerlo es parte del cuidado. Arrancar lo que ya dio (o no) fruto permite que haya espacio para algo nuevo.
Y además, sin ritmo no hay mirada profunda. Porque la mirada necesita tiempo, necesita presencia y necesita pausa. Cuando miramos observando y sintiendo, la experiencia cambia, se vuelve más vívida y más nutritiva.
Y poder entender el ritmo lleva su tiempo.
Creo que de hecho es parte de la complejidad del asunto. Y curiosamente pasa lo mismo en el huerto: podemos tener muchísima experiencia en un jardín que si cambiamos a uno nuevo será practicamente empezar de cero. Porque no se trata solo de mi experiencia, hay que construir un vínculo nuevo. Y en ese sentido, el ritmo es también un desconocido que ser irá construyendo en colaboración. En la práctica personal el ritmo está vinculado con el momento vital, con la energía, con la inspiración, con otras cosas sutiles que a veces cuesta más entender y conocer en detalle.
Cuando logramos ese acercamiento y autoconocimiento comenzamos a entendernos mejor y ver qué tempo llevamos.
En mi propia práctica, por ejemplo, recién ahora soy capaz de ver con claridad dónde y cuándo necesito reposo o necesito acción. Es un trabajo que necesariamente hago desde la observación y desde la intuición, el juego y la exploración. Desde ese método creo.
Y cuando llega la edición, que es la parte más emocional y terapéutica de todo mi proceso, se con claridad que el ritmo hará un cambio radical y me llevará al adentro total. Aquí es donde ordeno las narrativas, a veces incluso inconscientemente; donde me entiendo y ato cabos. Por eso ahora, al entender mi ritmo, le doy todo el espacio que necesita. Aunque me tome meses.
Por último llega el paso de materializar y compartir, que es el que más me cuesta, aunque cuando llega trae plenitud y mucha gratitud por haber sostenido y dado cierre al proceso creativo.
Tal vez el ritmo no sea otra cosa que aprender a escuchar en qué parte del proceso estamos y respetarla, nutrirla y acompañarla.
Ah, y también disfrutarla : )
Anatomía de la práctica fotográfica arteterapéutica — I. El Ritmo.




