La atención
Anatomía de la práctica fotográfica arteterapéutica
Esta es una serie que se está lentamente generando.
Si quieres leer los ensayos anteriores, al final de esta nota encuentras el índice.
Si seguimos explorando la anatomía de la práctica de fotografía arteterapéutica el siguiente paso es la atención:
La atención es el ancla de la práctica.
Y no sólo como metáfora, también como función real. Cuando el sistema nervioso está en modo amenaza, la atención se fragmenta, se activa y no para de escanear en busca de peligro. La cámara sostiene haciendo algo muy concreto: traer calma.
Hay un momento específico en que esto ocurre. Cuando levantamos la cámara y miramos a través de ella: el cuerpo se posiciona, los brazos sostienen, el ojo enfoca. La respiración se transforma. El ojo y el corazón se alinean
Según la neurociencia lo que sucede mientras disparamos una foto no es tan simple como parece. A nivel neurológico la atención visual sostenida activa la corteza prefrontal, que es exactamente la zona que el estado de amenaza desconecta. Cuando decidimos qué encuadrar, qué entra y qué queda fuera, estamos devolviéndonos algo que el trauma nos quita: la sensación de poder elegir. La agencia vuelve por la mirilla de nuestra cámara.
Esta es la primera forma de atención: la atención encarnada. El cuerpo lidera, la mente acompaña. La presencia es total y ocurre en el aquí y ahora.
Pero hay una segunda.
Cuando revisamos el archivo, el cuerpo cambia de rol. Ya no lidera, sino que acompaña. Lo que ocurre es más sutil: la memoria sensorial se activa, y aunque podemos sentir cosas muy profundas e intensas, es por acción del recuerdo, no por que esté sucediendo literalmente en el momento.
Y aquí aparece algo que la fotografía tiene y que otras formas de registro no: una imagen vista al día siguiente dice algo, pero la misma imagen vista un año después dice otra cosa. No cambió la imagen, cambiamos nosotras.
La fotografía nos permite viajar. Abrir una y mil conversaciones con la misma imagen, dependiendo de cuándo se evoque. Es como bucear por las capas que ha dejado el tiempo, buscando en las profundidades de lo sensorial algo que antes no estaba disponible.
Eso es la permanencia de la imagen. No como algo estático sino como un territorio vivo que nos sigue hablando mucho después de haber sido creado.
Por eso la atención en la práctica fotográfica arteterapéutica no es algo aislado sino que es un sistema. Encarnada cuando miramos-sentimos-disparamos. Reflexiva cuando revisamos y profunda cuando materializamos. En este caso el cuerpo vuelve, pero desde otro lugar, más activo aunque también más sutil.
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Índice
Anatomía de la práctica fotográfica arteterapéutica — I. El Ritmo
Anatomía de la práctica fotográfica arteterapéutica — II. El ritmo, parte II
Anatomía de la práctica fotográfica arteterapéutica — III. La atención




